Miguel del Pino Luengo es biólogo y
catedrático de Ciencias Naturales.
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a sede del Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid acaba de ser
atacada con lanzamiento de pintura roja a la fachada y mensajes pegados a la
puerta alusivos a la actividad del colectivo; no se trata en este caso de las
clásicas referencias a la tauromaquia o a la caza, sino a los controles
sanitarios o la mejora de la producción animal, por increíble que parezca.
El prestigioso
catedrático de la UCM Manuel Pizarro Díaz comenta tan asombrado como indignado
estas agresiones a través de una "Tribuna abierta" en el diario ABC;
dice Don Manuel que "no entiende esta agresión a la profesión veterinaria",
y se extiende luego en consideraciones sobre la beneficiosa actividad que tal
colectivo científico proporciona a la sociedad.
Se duele
también de que los animalistas nos igualen como especies del mismo ecosistema a
hombres y animales, y muestra su temor de que el hombre urbano y, sobre todo,
los legisladores urbanos caigan en las trampas animalistas. Con evidente razón
se queja de que, una vez prohibida la mutilación de rabos y orejas, se conmine
ahora a que, en aras a la esterilización obligatoria, no haya reparos en cortar
los genitales, él lo dice con una sonora y castellana palabra que empieza con
"c".
Tal palabra por
cierto podría ser tachada de "machista" por dichos colectivos
enloquecidos, ya que la esterilización masiva para evitar los abandonos
propugnada por el animalismo se extiende también a los "o" femeninos,
en este caso operación que requiere la invasión quirúrgica de la cavidad
abdominal y por lo tanto la anestesia.
Allá por los
años setenta, cuando nada más terminar la licenciatura en Ciencias Biológicas me
matriculé en la Facultad de Veterinaria de Madrid en compañía de varios
biólogos más, para tratar de sumar estos estudios a los nuestros, fui testigo
de un movimiento vocacional de muchos jóvenes estudiantes que se incorporaban a
las aulas motivados por su amor a los animales más próximos, los de compañía, y
en especial los perros y los gatos.
A partir de
este momento se revolucionó la veterinaria de pequeños animales y comenzaron a
aparecer en muchas ciudades modestas clínicas que fueron gozando poco a poco de
mejores medios: algunas evolucionaron hacia el concepto de hospital veterinario
de animales de compañía y la tenencia de mascotas se revolucionó en pocos años
consiguiendo que los animales domésticos se hicieran más longevos y cada vez
recibieran mejores cuidados.
La valoración
que ha de recibir a estas alturas la veterinaria de pequeños animales es
extraordinariamente positiva, pero también debe participar del reconocimiento
social la labor de los veterinarios encargados de la vigilancia sanitaria de
los animales de consumo o los trabajos en pro de la selección de razas y
estirpes cada vez mejores y más rentables. Están en juego nuestra salud y
también muchos puestos de trabajo.
Como también
comenta el profesor Pizarro, son muchos los veterinarios que muestran su
entusiasmo vocacional colaborando con ONGs de manera desinteresada. El
colectivo veterinario está en la actualidad muy diversificado en sus funciones,
pero la inmensa mayoría de sus miembros tiene como característica común el amor
a los animales, algo que nuca podrán comprender los fanatizados animalistas
radicales.
Es momento de
recordar a los miembros de Ciudadanos que fueron responsables con su apoyo a
los animalistas en la Comunidad de la Rioja de la Ley de Protección animal de
la misma, una demenciada sucesión de mandatos, propios de lo más radical del
animalismo anti-humanizante que jamás hubiera podido imponerse sin la ayuda de
estos supuestos liberales, sin duda engañados por los envenenados caramelos
proporcionados por aquéllos.
Que un
inspector pueda acceder a los domicilios sin orden judicial para comprobar el
estado de los animales domésticos, algo que ni siquiera la policía puede hacer
en ningún caso; o que sea obligatoria la esterilización eliminando el derecho
de los propietarios no sólo a la presunción de inocencia, sino a la del sentido
común, con la alegación de que "podrán fomentar el abandono" si no
esterilizan: todo rayando en el liberticidio por no decir en la demencia.
En este momento
conviene recordar que una cosa es el fomento de la esterilización en
determinadas ocasiones para evitar la proliferación excesiva y el abandono de
animales, y otra muy diferente la pretensión de obligar a la práctica
quirúrgica de la extirpación de ovarios o testículos de la totalidad de la
población doméstica de perros, gatos y demás mamíferos domésticos.
Afortunadamente
los veterinarios recurrieron esta ley y posiblemente es tal recurso lo que les
ha colocado en el punto de mira anarco-animalista, pero todo se daría por bien
empleado si los miembros de Ciudadanos que se dejaron engañar reflexionaran
ahora que le ven mejor las orejas lobunas a sus "amigos disfrazados de
corderitos". Hay que exigirles que abandonen tales apoyos que tienen en La
Rioja un peligrosisimo precedente.
El colectivo al
que apoyó Ciudadanos no muestra ahora su faceta anti-taurina o anti- cazadora,
sino su verdadera cara y su auténtico peligro social, que se pone de manifiesto
en su reciente ataque al imprescindible colectivo veterinario.
Porque en
España, afortunadamente, los postulados del animalismo radical no presentarían
peligro de llegar al poder, autonómico o municipal, si no fuera por apoyos como
el que comentamos, propios de políticos mal informados pertenecientes a ese
tipo de ingenuos que van empedrando los infiernos con sus "buenas
intenciones".
Y si no se dan
cuenta pronto se lo recordarán los votantes, que empiezan a mostrarse hastiados
de tanta demagogia.
Miguel del Pino Luengo 13/01/2019

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