Los miserables:
elogio del canario doméstico
Miguel del Pino Luengo es biólogo y catedrático de Ciencias
Naturales.
Este escrito para Libertad Digital por Miguel del Pino, dice demuestra la ineptitud de nuestros dirigentes, porque no solo es Madrid hay muchas otra ciudades que las asociaciones sin apoyo ni ayudas de ninguna clase se las tienes que buscar ellos por su cuenta, algunos políticos y ONG solo buscan la destrucción del entorno y las tradiciones, solo por el mero hecho de que ellos no lo comparten ni lo conocen así demuestran su ignorancia y un desconocimiento total de las materias que tratan.
Miguel del Pino Luengo es Autor de numerosos libros y tratados de Canaricultura y sabe muy bien lo que dice.
Recientemente
un lector, más pertinaz que amable, me llamaba "miserable" por
disfrutar con "el eterno cautiverio de los canarios sólo para deleitarme
con su canto"; pues
bien, hablemos de esos "miserables" entre los que, efectivamente, me cuento.
bien, hablemos de esos "miserables" entre los que, efectivamente, me cuento.
Los
"miserables" que practicamos el arte de criar canarios en nuestros
hogares somos decenas de millones en el mundo; y en España, en concreto, hay
más de tres millones de canarios anillados. Hay canaricultura prácticamente en
todo el orbe, y la mayor parte de los países donde se practica cuenta con razas
propias seleccionadas por sus aficionados, el "hoso japonés" o el
"arlequín portugués" serían ejemplos en este sentido.
España
cuenta con varias razas propias reconocidas por la Confederación Ornitológica
Mundial, como los llamados "raza española", "timbrado
español", "canto español". "giraldillo",
"llarguet" y "rizado sevillano", por no citar más que
algunos ejemplos.
Debemos
sentir orgullo de que todos los millones de canarios que actualmente se crían
en el planeta, que son tantos que hasta ha sido necesario diversificar los
campeonatos mundiales en hemisferio norte y hemisferio sur, procedan del
canario silvestre oriundo y endémico de nuestras maravillosas "Islas
afortunadas", de las que ha recibido el nombre.
También
es gratificante que a pesar de haber aportado la especie canaria esta verdadera
maravilla al mundo de la domesticidad, los canarios silvestres no están en
peligro de extinción en su paraíso insular, donde son objeto de un escrupuloso
plan de conservación que ha evitado la captura de ejemplares. Todos los
canarios se crían en este momento en domesticidad y llevan así más de
quinientos años, a través de las sucesivas generaciones, de manera que son ya
tan domésticos como pueda serlo una gallina.
El
fenómeno del rechazo a la cría de pájaros domésticos procede de la mala
información, por no decir "desinformación" que padecen muchos ultras
del mundo llamado "animalista". Quienes sueñan con abrir las puertas
de las jaulas y liberar a sus ocupantes ignoran que en libertad apenas
sobrevivirían unas horas: los canarios son verdaderos animales domésticos.
Los
"miserables" que criamos canarios efectivamente nos sentimos
extasiados ante su canto y su belleza, pero sobre todo ante sus bellas costumbres
domésticas y sobre todo reproductoras. La cría de canarios y el desarrollo ante
nuestros ojos y en nuestros hogares del complejo ritual de apareamiento,
nidificación y alimentación y cuidados que prodigan a sus pequeños son una
extraordinaria lección de educación ambiental.
Plagas
ya lejanas en el tiempo y la cultura que acosaban a los pajarillos silvestres,
hasta hace pocas décadas, como el tirador, la escopetilla, la liga o el expolio
de nidos, son impensables en quienes, en edad infantil, hayan contemplado en
sus casas el espectáculo de la cría de los canarios.
Los
"miserables criadores" acostumbran a preparar con verdadero mimo los
jaulones y los materiales para la cría; es tradicional al llegar la primavera
elegir los reproductores, basándose esta elección en los notables conocimientos
genéticos, no sólo empíricos, que los amantes de los canarios han obtenido
mediante la práctica de su afición.
Los
primitivos "verdegais", o canarios silvestres, se han diversificado
en tantas razas que el propio Darwin se asombró de ello y obtuvo datos
relevantes para su "teoría de la evolución" a partir de sus
observaciones sobre la canaricultura.
Los
científicos han obtenido también información interesante a partir de la
diversificación de los canarios: el estudio de las mutaciones de sus pigmentos,
especialmente de los oscuros o melánicos, permite albergar esperanzas de
conocer mejor los mecanismos de síntesis de los mismos y de sus aberraciones,
todo ello importante para entender fenómenos como el del "melanoma",
extrapolable a nuestra propia especie.
Pero
los "miserables" que disfrutan con la canaricultura no son sólo
científicos, sino, sobre todo miembros de los estratos más populares de la
sociedad; especialmente grato para ellos es preparar como mimo las pastas para
la cría de los pichones, los vegetales frescos y las escrupulosas mezclas de
semillas. No perece tan difícil pedir que su labor sea entendida y respetada.
Muy
diferente de la canaricultura, o bien "ornitofilia", si queremos
ampliar el concepto al mantenimiento y cría de otras especies domésticas, como
el periquito o los diferentes diamantes, es la caza, hasta hace años poco
controlada, de pájaros silvestres para enjaularlos, y no digamos el expolio de
nidos en la naturaleza: aquí entramos en un terreno reprobable que no tiene
ningún futuro.
En
la actualidad se trabaja para conseguir que algunas especies silvestres, como
el jilguero o el verderón, ambos objeto del interés de muchos aficionados,
formen poblaciones domésticas criadas en cautividad, de manera que pueda
abandonarse su captura: en la mayoría de los países europeos son ya tan
domésticos como el canario.
Más
de cuarenta mil ejemplares de canarios han competido esta temporada en los dos
Concursos Nacionales, celebrados en Talavera de la Reina y Don Benito
respectivamente: ahora se celebra el Mundial, y también algunos certámenes de
especial relevancia como el italiano de Reggia Emilia. ¡Cuántos miles de
"miserables" según la opinión de los animalistas radicales!
Para
abordar directamente el fondo de la cuestión lo importante no es la opinión de
los extremistas del animalismo, sino la acogida que reciben por parte de
algunas autoridades municipales, en manos podemitas o de quienes se apoyan en
ellos, que, llenos de complejos, niegan locales públicos para los concursos y
exposiciones de ornitofilia; no hace tatos años que el madrileño Círculo de
Bellas artes acogía en su primera planta la primorosa exposición de la
Asociación de Canaricultores Españoles, radicada en Madrid y segunda en
antigüedad en España tras la Agrupación Ornitológica de Badalona, que es la
pionera.
Este
año la A.CE, "Medalla de oro del Circulo de Bellas artes" expulsada
de su tradicional refugio del Centro Cultural de Arganzuela por la intolerancia
de sus gestores, ha tenido que refugiarse en la localidad de "El
Álamo", cercana a Navalcarnero, donde a partir del próximo viernes podrán
mostrar sus ejemples, que con tanto mimo han cuidado hasta este momento.
Enhorabuena por su entusiasmo, a ellos y a quienes los han acogido. Merece la
pena dar una ojeada a la exposición y pasear por la bella población madrileña.
Pobres
animales aquellos que son víctima de las incomprensiones y de la ignorancia.

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